sábado, 10 de octubre de 2015

Domingo desierto.

Recuerdo mearos desde lo alto del rascacielos, cómo lluvia.
Recuerdo a Lucía, a Carmen, a Sara.
Hablándome a la oreja, yo mordiendo sus espaldas.
En espiral giraba yo, en hélice ellas, así nos encontremos.
Pero se marcharon y dejé de buscarlas; pues ya fueron mías, y mitades.
Hoy una de mis musas es madre, yo no la hice madre, pero si mujer.
Que las nubes dicten el destino a su paso.

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